“Ayer lloré”

Fueron unas lágrimas inesperadas. Cayeron por sorpresa desde mis ojos, hasta encontrar mi consuelo. Lo hicieron frente a la mirada atenta de María Hidalgo (mi coach).

Pocos lo sabéis, yo pertenezco a ese incomprendido grupo de humanos, conocido como PAS (personas altamente sensibles). Mi piel es muy fina. Así que la distancia que separa mi alma del mundo, es casi inexistente. Me afectan de manera extraordinaria los ruidos, los olores, y en las reuniones con varias personas hablando a la vez, mi cabeza se pone en modo dolby surround. A favor, os garantizo que mi corazón besa el cielo, cuando escucha una melodía, y siente el amor y la belleza de lo auténtico y de la bondad. No te puedes imaginar cuánto siento. Soy un romántico (seguramente demasiado, si no, ¿a quién se le ocurriría escribir este post?)

Me costó años aprender a gestionar mi emoción. Varios psiquiatras (hasta tres), terapia grupal, libros de filosofía y boxeo (mucho boxeo). Luego descubrí el coaching. Allí encontré las respuestas a mis ametrallamientos y la tan ansiada Paz. Y algo fundamental: una vocación de la que hice profesión. Así que cuando trabajo, soy la persona más feliz de cielo y tierra.

Recuerdo que lo pasé mal cuando no tenía clientes porque nadie me conocía. No podía ser yo.

2018-10-08T16:35:56+00:00