Demasiados políticos son el ejemplo más ilustrativo de la mediocridad iluminada, que es de las formas que presenta la mediocridad, la peor. Entraron en política buscando un estilo de vida apacible y sin tensiones. Porque el mediocre de nacimiento, no quiere fricciones en su vida, solo tranquilidad a secas e infinita ataraxia. Pero cuando la luz celestial se le posa por casualidad y en plan broma, piensa que va en serio y “la lía parda”. Entonces, es capaz de distraer el destino de un pueblo obediente, con el simple gesto de alzar el puño imperativo del abuso de poder. Se siente apto para anhelar responsabilidades en la historia universal de un pueblo, que nadie ha pedido, salvo la ciencia infusa y su romanticismo tuerto. Y todo porque ha descubierto la revelación de elevarse por encima de su mediocridad y eso…es droga dura. Ni querrá, ni sabrá bajarse de las alturas porque se siente como un Dios (y se perdería por el camino de regreso) Un mediocre iluminado es peligrosísimo porque se ordena para sī, un destino tan inmenso como inmerecido, que su mente no sabe abarcar. Y para colmo de males, no entiende de ética ni de cárcel. Sin embargo, es también por naturaleza, un súper cobarde financiero: teme la amenaza de perder su dinero.