Aún no he logrado alcanzar ese estado sublime de madurez humana en el que cuando me siento agredido por algún ser querido, poder ser capaz de empatizar tanto con quien me lastimó que pueda perdonar de manera automática y recuperar así la paz y armonía al instante.

Otro pensamiento que tengo respecto de cuando me siento agredido es que soy consciente de que tiene que ver conmigo y no tanto con el otro. Hay algo que no he resuelto en mí. Yo permito que esa “presunta agresión” me afecte, más si cabe, cuando sé que no había intención de lastimarme.

También me siguen molestando demasiado las faltas de consideración de personas a las que aprecio. Seguramente, reminiscencias de mi baja autoestima, culpabilidades e inseguridades infantiles.

Ayer me sentí exageradamente agredido. Por eso escribo esto. A ver si aprendo algo desde el eco de estas palabras.

Y yo que me pensaba casi perfecto e inmortal ??

Disfruta del día.