A lo largo de mi vida adulta, mi padre y yo no hemos sabido abrazarnos con frecuencia. Sin embargo, las veces que lo hemos hecho han compensado con creces los abrazos que no alcanzamos a darnos.

Recuerdo dos abrazos muy especiales

Uno tuvo lugar en el hospital el día que el médico me informó que habían sedado a nuestra madre, que también era su mujer del alma y se llamaba Marisa. Cuando le comuniqué la triste noticia, él me abrazó con tanto dolor…

Nunca olvidaré aquel abrazo, roto por la tristeza. Fue como si nuestro dolor se abrazara buscando el consuelo mutuo.

El otro abrazo fue maravilloso 😍(hasta se me rasgó la camisa). Es el de la foto. Fue hace años, el día que nos despedíamos porque yo dejaba España con mi familia en busca de mi sueño profesional en USA.

Los primeros años fueron muy duros. Siempre que me he tambaleado y dudado de la posibilidad de alcanzar mis metas, he viajado a este precioso abrazo que me regaló mi padre y que tanta fuerza me ha dado en momentos de flaqueza.💪🏻😀

Ojalá este abrazo que te comparto hoy te permita de alguna manera abrazar también a tu padre (aunque no esté). Y si tienes hijos, abrázales muchas veces y con mucho amor.❤️

-Papá te quiero mucho. Te llamo en un ratito.

Un abrazo con todo mi afecto.