Antes de ayer, me apunté a un gimnasio de boxeo en Madrid

Llevaba la sana intención de reencontrarme con las sensaciones tan satisfactorios que la práctica de este noble arte, me regaló durante tantísimos años. (antes de mi marcha a EEUU). Y allí que me fui por la tarde, con mi ilusión puesta encima y las ganas de hacer deporte, los días que trabajo en esta ciudad. La clase petada de milenials y algún centenial como yo, pero en versión “estoy fuera de lugar”. Cero interés por parte del joven profesor en enseñar técnica. Me pareció un HORROR TODO, de principio a fin.

Enseguida comprendí que no estaba en una clase de boxeo. Aquello era una especie de “spinin-fastfood pseudopugilístico musical”, con apariencia de boxeo (porque llevábamos guantes y había sacos decorativos). El objetivo lo vi claro. Hacer dinero como churros, ordenando ejercicios alocados sin ton ni son o al tun tun, con el único propósito de hacernos sudar a todos “like a chicken” . Y así fue. Mi agotamiento me imploró clemencia y el final de la tortura todo el rato y sin dejar de sudar. Tuve que repetirme la frase que mi padre me decía cuando subíamos al monte: “El cansancio es psicológico hijo”. Pues eso, una cosa es practicar deporte y otra bien distinta, hacer ejercicio como churros. Disfruta de tu día

2018-12-28T11:37:54+00:00