Llevaba la sana intención de reencontrarme con las sensaciones tan satisfactorios que la práctica de este noble arte, me regaló durante tantísimos años. (antes de mi marcha a EEUU). Y allí que me fui por la tarde, con mi ilusión puesta encima y las ganas de hacer deporte, los días que trabajo en esta ciudad. La clase petada de milenials y algún centenial como yo, pero en versión “estoy fuera de lugar”. Cero interés por parte del joven profesor en enseñar técnica. Me pareció un HORROR TODO, de principio a fin.

Enseguida comprendí que no estaba en una clase de boxeo. Aquello era una especie de “spinin-fastfood pseudopugilístico musical”, con apariencia de boxeo (porque llevábamos guantes y había sacos decorativos). El objetivo lo vi claro. Hacer dinero como churros, ordenando ejercicios alocados sin ton ni son o al tun tun, con el único propósito de hacernos sudar a todos “like a chicken” . Y así fue. Mi agotamiento me imploró clemencia y el final de la tortura todo el rato y sin dejar de sudar. Tuve que repetirme la frase que mi padre me decía cuando subíamos al monte: “El cansancio es psicológico hijo”. Pues eso, una cosa es practicar deporte y otra bien distinta, hacer ejercicio como churros. Disfruta de tu día