Anoche llegué a mi hotel de siempre en Panamá, muy tarde, cansado y con más hambre que un perro chiquitín ?.

Como soy autónomo viajo en “misery”, así que estoy hasta el moño del ¿chicken o pasta? del avión. Suelo esperar al sandwich mixto de jamón y queso sentado a los pies de la cama de mi habitación, con la mirada perdida en la pared triste de enfrente porque ya me aburrí de encender la tv ? y con el gesto puesto de abandonado viajante que vuela por el mundo con su solitaria soledad ?.

Por las horas me temía lo peor que le puede pasar a un estómago vacío: me veía tirando de chocolatina y botellita de agua del minibar.

Te confieso que desde niño me persigue una gran culpa cuando consumo algo del minibar (aprendizajes heredados de la austeridad espartana con la que fui educado , que por cierto, me han venido de maravilla en estos tiempos de consumismo desaforado)

Pues al entrar en mi habitación…(suena un redoble de tambores yyyyy)…..TACHAAAAAANNN) la directora del hotel me había dejado un plato con queso, jamón serrano, salchichón, uvas y agua junto con unas amables palabras de bienvenida. Entonces caigo de rodillas ante la escena llorando rendido de la emoción. Muchísimas gracias Marcella Tannús.

Disfruta del día.