Este fin de semana he compartido unos días muy felices junto a mi padre y cuatro hermanos, haciendo FAMILIA.

Desde que murió nuestra madre, cada año organizamos una escapada montañera por el Valle de Arán, “in memoriam” .

Y es en ese paraíso natural donde surge por arte de magia lo que mi padre llama “el efecto del cuarto de jugar”. Este efecto permite que todos viajemos a la infancia y que el sentido del humor nos acompañe todo el tiempo y se sucedan las bromas y los recuerdos entrañables…

Y después de una esforzada excursión, cocinamos juntos en casa y alargamos la sobremesa casi hasta la cena. Conversamos de todo junto al fuego de la chimenea (hacía 15°C): trabajo, política, economía, música, literatura…

Luego mi padre tomó un libro de poemas que le había regalado mi hermano Jorge (que es un profesor de literatura brillante) y nos leyó unos versos (Jueces 4,8) que dijo le han recordado al amor de su vida, “vuestra madre”.

Hacer FAMILIA

Me siento agradecido porque nos queremos mucho. Admiro de ellos su generosidad y buen corazón. Creo que no concebimos el conflicto porque la familia es algo demasiado valioso. Cada encuentro, siempre representa una oportunidad magnífica para crecer juntos, seguramente porque la FAMILIA es para nosotros el AMOR.