La secadora, ese complicado y gran artilugio

Me apuesto lo que queráis, a que muy pocos ejecutivos sabéis qué es este artilugio que tengo en mi mano ¿eh? Sí, lo sé. Algunos pensáis que es una espada láser de la Guerra de las Galaxias, tamaño Bilbao. Otros, algo que utilizan los veterinarios para… No sigo que me pierdo y luego me desprestigio. Que nadie piense que soy un amito de mi casa porque estoy lejos de lo que debiera. Hago mis tareas y me lo paso bien. Por ejemplo, ayer fui a poner la secadora y casi la lío petarda. Por poco, olvido vaciar el depósito que recoge el agua de la secadora. Se hubiera organizado la de San Quintín. Y seguramente nunca más hubierais vuelto a leer mis posts, porque mi mujer hubiera acabado conmigo y con mis contingencias domésticas para siempre. Reconozco, que como si fuera un niño, me pasé dos minutos con la espada láser azuzándola por los aires y haciendo el fzzzzuuuuuuu, fzzzuuuuuu (emblemático ruidito de la película que conocemos). mientras correteaba por el salón. No me subí al sofá de milagro. Os cuento esta tontería porque el otro día, un gran empresario me dijo que le gustaba encontrarse con estos post desenfadados y frescos, entre tanta profundidad profesional.

2018-06-25T11:35:36+00:00