Si algo me entristece especialmente como ciudadano del mundo (y nieto de ciudadano mexicano), es que a los políticos por lo general y en los últimos tiempos, les apasiona crear debates de manera forzada hasta llegar a torcer el foco de interés de la voluntad soberana de los pueblos a los que dirigen.

¿Sabe? Muchos poderosos se han convertido en unos grandes impostores en el uso de la palabra. Buscan manipular nuestra libertad de pensamiento y lo hacen sin pudor y con la mayor irresponsabilidad que yo conozco: la de provocar el germen del odio y el resentimiento en los corazones buenos que sonríen felices a la vida en paz y amor.

Le confieso (ojalá me equivoque) que no presumo en su petición “de perdón”, ninguna sana y honesta intención. Seguramente prejuicios mundanos míos nacidos de mi hartazgo.

Señor López Obrador, hoy le deseo toda la Paz y el Amor que en su corazón quepa.

Disfrute del día,