Esta mañana cuando trabajaba sentado frente a mi ordenador, ha entrado por sorpresa un pajarito precioso por la ventana.

No es la primera vez. Me sucede con cierta frecuencia. Lo más curioso es que suelen dejarme tomarlos con mis manos. A veces les pongo agua y pan. Y los coloco en la mesa, a mi lado y se quedan quietos mirándome.

Luego los llevo fuera para que vuelen. Y ellos vuelan al árbol que tengo enfrente.

He grabado un vídeo con la escena de esta mañana y se lo he enviado a varias personas a las que aprecio y les gustan los animales. Una me ha dicho esto:

¨Ya sé lo que tiene el vídeo de especial: hay una naturalidad que no tienes en los vídeos que haces en los paseos, porque estás interactuando con un animal. Y se ve realmente cómo eres.

Tratas al pájaro con una delicadeza, con una humanidad… y con una dulzura… En cada palabra que dices o en cada gesto, o incluso cuando le dejas volar, que transmite muchísimo más que cualquier vídeo que hayas grabado¨.

Me ha parecido entrañable y te lo quiero compartir para compensar quizás las carencias de mis paseos matutinos.

También porque pienso que es una manera de que me conozcas desde otro lado diferente, aunque en el vídeo no se me vea y solo se escuche mi voz.

Disfruta del día.